​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​​

Las mujeres y el Sida

Existe un creciente número de mujeres infectadas por VIH. Las mujeres con VIH tienen mucho en común con los hombres afectados por VIH, pero también existen aspectos que solamente afectan a las mujeres. Por ejemplo, los síntomas más comunes de infección temprana en las mujeres son los trastornos ginecológicos.

Antes, a las mujeres no se les consideraba en peligro de contraer el VIH/Sida, y por lo tanto no eran contempladas en los programas de prevención y tratamientos. La prensa y los medios de comunicación han hablado mucho del hecho de que las mujeres con Sida se mueren más rápido que los hombres. Pero la mujer no desarrolla la enfermedad y fallece más rápido que el hombre con VIH/Sida necesariamente. Lo que pasa es que años atrás había un período más corto entre el diagnóstico y la muerte porque a las mujeres las diagnosticaban mucho más tarde que a los hombres y usualmente recibían menos servicios médicos.

Existen otros factores sociales que contribuyen a este fenómeno:

Las mujeres tienden a dedicarse, o verse o sentirse obligadas, a cuidar a los demás, de forma que con frecuencia se ocupan de cuidar a sus novios, niños, trabajos, casas, etc. y no buscan cuidado médico hasta que sus síntomas son extremos.

Abnegación castigada.

Los problemas de discriminación y marginación que hacen que las personas de color (principalmente Afro-Americanas/os y Latinas/os) sean afectadas por el VIH y Sida desproporcionadamente, afectan también a las mujeres. Estos incluyen: una mayor proporción de personas pobres, que no tienen acceso a jeringas descontaminadas, que sufren un nivel más alto de desempleo, tensión, violencia, malnutrición, falta de acceso a información culturalmente apropiada y en sus propios idiomas, complicaciones por razones de inmigración, negación de tratamientos, etc. Todo esto las lleva a ser más propensas a enfermarse y morir más rápidamente que las personas con SIDA que no sufren por estos factores.

Problemas de prevención para las mujeres

Una vez que se han informado sobre el sexo con protección, las mujeres en general (al igual que muchos hombres) se enfrentan al problema de cómo practicarlo, pues muchas no tienen la libertad de hacerlo. Las mujeres que dependen de otras personas para su alimentación, casa y sustento quizá corran riesgos si insisten en practicar el sexo con protección. También aquellas mujeres que son emocionalmente dependientes de sus parejas, quizá teman ser rechazadas por la misma razón. La violencia en las calles y en el hogar juega un papel muy importante, al limitar los derechos de la mujer sobre su vida sexual. Por otro lado, para las mujeres pobres quizá sea muy caro comprar los medios necesarios (el condón femenino o las barreras dentales).

Asuntos culturales como la religión, los modelos sociales impuestos y el punto de vista ampliamente aceptado de que las decisiones sobre sexo con protección son de los hombres, también tienen un fuerte impacto. Muchas mujeres no están culturalmente preparadas para estar seguras de sí mismas y protegerse mejor. En algunas culturas, la mujer tiene bastante poder de decisión en ciertos aspectos de la vida social y familiar, pero no en su vida sexual.

La mujer, una vez diagnosticada, tiene que considerar una lista interminable de barreras para conseguir atención médica:

Acceso a un buen servicio médico

Acceso a guarderías

Aspectos relacionados al control de natalidad

Rehabilitación contra el alcohol y las drogas

Aspectos relacionados a la pobreza

Encontrar agencias sensibles hacia la mujer

Si es lesbiana o mujer transgénero, encontrar agencias sensibles con sus asuntos

Asuntos legales como empleo, vivienda y custodia de los hijos.

Problemas sociales y emocionales como la violencia doméstica y el aislamiento

Embarazo y Maternidad

Maternidad y contagio.

Las mujeres VIH positivas que se quedan embarazadas o dan a luz enfrentan presiones legales, médicas y sociales, ya sea para abortar o para esterilizarse. Grupos defensores de la mujer arguyen que ellas deberían tener la libertad de decidir sobre sus cuerpos incluso si esto significa dar a luz a un hijo VIH positivo. La combinación de AZT durante el embarazo junto con la elección de tener una cesárea disminuye el riesgo de transmitir el VIH al feto. Aun así, esta decisión le corresponde a la mujer. Ten en cuenta que más o menos el 70-75% de todos los bebés nacidos de mujeres infectadas por el HIV serán VIH negativos aun sin tratamiento o profilaxis.

Las mujeres con VIH que deciden seguir su embarazo necesitan cuidados especiales para mejorar las posibilidades de mantener su salud y tener un bebe saludable. El VIH no avanza más rápidamente en mujeres embarazadas, y las mujeres que pueden conseguir una buena atención prenatal no corren más riesgo de tener un embarazo difícil que cualquier otra mujer.

Muchas mujeres descubren que están infectadas por VIH solamente después de dar a luz a un bebé VIH positivo. Entonces, tienen que enfrentarse a sus sentimientos de dolor (y a veces culpa) con respecto a su niño, y simultáneamente sufren temor y confusión sobre su propio estado de salud. Esto se ve agravado por la tendencia social a culpar a las madres por infectar a sus niños.

Muchas mujeres con Sida son mujeres solas, que encuentran los mismos problemas que otras madres: falta de acceso a cuidado infantil, comida, vivienda, y recursos financieros. Cuando una madre está enferma, estas necesidades son más urgentes. Las mujeres que son madres también se enfrentan a la tarea de garantizar que sus niños tengan medios adecuados después de que ellas fallezcan. La situación se complica aún más si los niños también tienen Sida o están infectados con el VIH.

Consumo de Drogas

Las mujeres representan una proporción pequeña de los individuos que están en tratamientos de rehabilitación antidrogas. Muchos de esos programas no han cubierto las necesidades de las mujeres y casi todos carecen de guarderías. Muchas mujeres contraen el VIH al usar jeringas o tener relaciones sexuales sin protección con una pareja infectada que se inyecta drogas. El programa de intercambio de jeringas de San Francisco tiene un centro especial para atender a las mujeres y a sus hijos.

Lesbianas

El concepto de que las lesbianas están en una categoría de "bajo riesgo" ha resultado en una percepción errónea de que ellas "no están en riesgo". Sin embargo, ciertas prácticas sexuales en las que se intercambian fluidos vaginales o sangre menstrual, tales como el compartir juguetes sexuales, sí son riesgosas. Los casos de transmisión del VIH entre mujeres no son muy comunes, pero sí posibles, y no se han hecho bastantes investigaciones sobre este aspecto. Además, las lesbianas también pueden estar a riesgo de contraer el virus por el hecho de tener parejas masculinas o por compartir jeringas.

Prostitutas

Las prostitutas han sido por mucho tiempo consideradas las promotoras de la infección del VIH en la comunidad heterosexual. Sin embargo, las trabajadoras del sexo tienen el mismo porcentaje de infección del VIH que la población femenina en general, a pesar de que tengan relaciones sexuales con más personas. Un estudio de los CDC en 1988 revela que un 80% de las prostitutas utilizan condones con sus clientes. Debido a la naturaleza de su trabajo, ellas son las primeras interesadas en protegerse.

Asuntos médicos para la mujer

Aunque las mujeres infectadas con el VIH tienen muchos de los problemas médicos que tienen los hombres, las infecciones y desórdenes ginecológicos son extremadamente comunes y estos son generalmente los primeros síntomas de la enfermedad en la mujer. Algunos de los principales problemas ginecológicos son la candidiasis, la enfermedad de inflamación pélvica (PID) y la displasia cervical (del cuello del útero).

Materias